21 junio, 2011

Se transparentaba la imágen lluviosa de su rostro en el vidrio, y afuera el mundo corría. Miraba absolutamente todo, y con sus nervios, que recorrían paso a paso su ser. Sentía una incógnita, un miedo, una pregunta. Yo sentía que decía: Estará bien lo que estoy a punto de hacer?. Sin más tiempo para decidir, el coche paró y bajó de él una hermosa mujer, vestida de blanco. Vaya a saber uno como le fué.

Así con cada mujer, te sentás en un banco de la plaza, en frente de la Iglesia y ves miles de historias de amor, pareciera ahí tan fácil conceder tan sólo una.